viernes, 25 de noviembre de 2016

Microrrelato | Nuevas historias de Lila | Leon I



Nuevas historias de Lila: 

Leon I




Principios de noviembre. Nada más salir por la puerta de su casa, Leon pone sus pies sobre la primera nieve del año. El sol brilla con tal fuerza que admirar el manto blanco que cubre las calles sin tener que apartar la mirada se hace muy difícil. Ese blanco hacía resaltar las prendas oscuras de Leon, su chaqueta de cuero y sus tejanos azul marino. La emoción era imposible de contener y se manifestaba en una gran sonrisa en la cara de Leon. Como cada mañana desde que estaba aquí, se quedó unos segundos parado en la puerta contemplando la magnificencia de los altos edificios de su calle.

Leon había llegado a Nueva Sylve hacía un par de semanas. Decidió mudarse a la gran ciudad tras la desaparición de sus padres, al ver que él solo no tenía los medios necesarios para vivir en aquel pueblo alejado de toda civilización. Había vivido desde siempre con sus padres en aquel pequeño poblado al pie del Monte Niebla, así como habían hecho sus padres y los padres de sus padres. Que sus padres hubiesen salido a dar una vuelta por la montaña y se hubiesen perdido fue algo que Leon nunca aceptó, pues éstos se conocían la zona como la palma de su mano. Mas sin embargo desaparecieron, esa era la realidad. No dejaron ningún rastro. No avisaron antes de salir. Nadie los vio irse ese día. Y nadie los vio volver nunca más.

Se dirigió al jardín para coger su bicicleta. La bicicleta que papá le regaló a los diez años. Hoy había quedado con Marla en su casa para ir juntos hacia un solar en obras del centro de la ciudad. Marla había escuchado a su padre hablar por teléfono sobre un misterioso portal que se encontraba por esa zona y, cómo no, se lo hizo saber inmediatamente a Leon.

El padre de Marla era historiador y trabajaba en un laboratorio en el centro. Él lideraba una nueva investigación sobre unos misteriosos portales que habían empezado a aparecer aleatoriamente en ciertos lugares. Extrañamente, siempre aparecían dentro de los términos que comprendía la antigua región de Lila.

Marla ya estaba esperando a Leon en la puerta hacía un buen rato ya, cuando éste llegó derrapando con su Mountain Bike.

Esa mañana, Marla había elegido de su armario un vestido blanco, sobre el cual llevaba un elegante abrigo negro. Éste hacía resaltar el bonito cabello rubio platino de la joven. Las medias negras rosa pastel hacían conjunto con la mochila que colgaba de sus espaldas. Ahí dentro había guardado Marla todo tipo de cachivaches que creía que les serían útiles en su pequeña aventura. A su lado se encontraba Vera, una joven cría de pastor alemán que nunca se separaba de su querida dueña.

Lo primero en que se fijó Marla nada más ver llegar a Leon fue el vivo color rojo de sus cabellos. En cómo destacaban sobre el blanco de la nieve y sobre sus ropas oscuras.

Leon aparcó su bicicleta en una farola que había delante de la portería de los Malzard, los vecinos de Marla, y acto seguido se pusieron en camino hacia el solar en obras en cuestión. Solamente debían caminar un par de manzanas.

*

Una vez llegaron al solar, se pusieron a buscar como locos por todas partes el portal. Puesto que nunca habían visto uno antes, no sabían muy bien cómo era exactamente lo que estaban buscando. Por suerte, al ser domingo, tenían la libertad de explorar las obras sin que nadie se diese cuenta.

Exhaustos tras una hora de búsqueda sin éxito, los muchachos se pararon sobre unos tochos apilados en una esquina para almorzar algo. Marla sacó de su mochila un par de trozos de bizcocho casero envueltos en papel de plata. La mitad de uno de los trozos fue a parar al estómago de Vera. Mientras Leon repetía lo bueno que le había quedado el bizcocho a Marla, se escuchó un ruido sordo tras ellos. Parecía provenir de los edificios que había a las afueras del solar, de alguna de las viviendas. Atónitos, Marla y Leon se quedaron mirando fijamente a los edificios mientras Vera aprovechaba y se comía las migas de bizcocho que se le habían caído a su ama. De repente vieron una luz proveniente de una portería. Sin necesidad de usar palabra alguna, se dirigieron hacia allí lo más rápido que sus piernas les permitieron.

Al llegar allí pudieron ver con sus propios ojos lo que era un portal. Parecía como si alguien hubiese desgarrado el espacio y éste sangrase. Sólo que en vez de brotar sangre, emanaba una especie de luz azulada. Y en el centro de aquella herida espacial se podía ver qué había más allá de este mundo. Lo que Marla y Leon estaban viendo no se podría describir con palabras. Pero, por si no se habían quedado suficientemente sorprendidos con lo que había tras el portal, a Vera le dio por saltar allí adentro sin previo aviso.

*

Leon intentó detener a Marla, pero ésta se abocó hacia el portal tras Vera y fue tragada hacia el otro lado.

*

Vera entró en el cuarto de Marla y empezó a ladrar y a estirar de las sábanas en las que Marla estaba envuelta. Su cuenco estaba vacío y Vera, muerta de hambre. La luz del de otro bonito día de verano entraba por la ventana. Marla se levantó y le echó algo de comer a Vera. Acto seguido, se dirigió a su escritorio y encendió el ordenador portátil para revisar su correo electrónico, como era de costumbre. Al rato se escucharon los gritos de papá, diciéndole a su hija que se diera prisa o llegaría tarde a la escuela.

*

Leon observaba por el portal. No entendía lo que estaba viendo. No entendía qué le había pasado a Marla. Parecía como si ya no fuese ella misma. Como si hubiese pertenecido a aquella otra dimensión desde siempre.

Allí permaneció Leon durante unos minutos más, hasta que el portal empezó a cerrarse. Se encontraba en estado de shock. No acababa de creer lo que acababa de pasar. Ahora tenía que volver a casa de Marla y comunicarles a sus padres lo ocurrido. Por difícil de creer que fuera. Y, lo peor, se sentía culpable.


♠ Fin del primer capítulo

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