miércoles, 19 de noviembre de 2014

Microrrelato | El último hombre





♠ Personajes 
♠ Dos seres humanos y una pistola ♠



Todo el mundo conoce esa extraña sensación, cuando uno hace algo aun sabiendo que no está bien. Empieza abajo, en el centro del estómago y luego sube hasta la garganta, comprime las vías respiratorias y te dificulta la respiración, y sin darte cuenta te lo encuentras ya dentro de tu cabeza, susurrándote la verdad: eres un montón de basura orgánica. Así de simple. Uno odia esa repugnante sensación, esos repugnantes sentimientos que dan arcadas; y si no te ocurre lo mismo, te digo que debes de ser masoquista para que te guste eso. ¿Qué hacemos, pues, para liberarnos de ese gusano dentro nuestro? Se puede dominar el arte del engaño para aparentar que estamos disfrutando con aquello que hacemos, o simplemente se puede también dejar llevar y auto-convencerse de que eso está bien, aunque no lo esté ni lo estará, y así poder continuar con el camino de la vida sin que nadie sospeche nada. Aunque, siéndote sincero, te diré un pequeño secreto: nadie en este mundo busca el bienestar suyo solamente, sino que siempre busca que aquellos que le rodean piensen que uno está bien, libre de pecado. ¿De qué me sirve, sino es para mostrárselo a los demás, estar bien conmigo mismo? De nada. Dentro de mis objetivos y de los tuyos, aparece, resaltado en negrita, la frase estar bien conmigo mismo a ojos de los demás.
Lo siento por repetirme tanto; es una odiosa manía que tengo. Siempre me preocupo por que la gente pueda ver que me encuentro bien seguro de mi mismo y, por ende, a gusto conmigo mismo. No me gustaría para nada, estar bien y que nadie lo notase.
Incluso si apretase ahora mismo el gatillo, y tú fueras la última persona viva sobre el planeta, estaría contento. Estaría contento de saber que aquél que no me ve bien dejaría de existir y, por lo tanto, nadie vería como me siento por dentro realmente. Cualquier pajarillo, cualquier gato de ciudad, cualquier cigala, cualquier ser vivo que quedase vería que aparentemente estoy a gusto conmigo mismo, y eso, realmente, me complace.


♠ Fin del microrrelato El último hombre

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