miércoles, 17 de septiembre de 2014

Microrrelato | El día en que la Luna cayó





El día en que cayó la Luna fue el mismo día en que por los oídos del Sol fue susurrado el campo cubierto de contraarmiños y tres rosas de gules. Fue cuando Marte rugió a los cielos un silencio a la amante de la rosa, e hija suya bajó de las estrellas para presentarse a su tío enfermo de locura. En sus pupilas, sable y hierro; en sus labios, llegaban las lágrimas azur y el zafiro de las primaveras suyas. Y es que, tanta fue la comedia, que la Luna tuvo que peinarse el cabello cenizo con motitas de oro enganchadas al cepillo, valioso regalo de que le hizo la polar, consiguiendo así rejuvenecerse el rostro, ya antiguo, y convertirse en una joven. Los ojillos de color blanco del gran Sol iban tornándose de un nuevo color vidrio azulado; y la amante de la rosa llegó en el justo momento, para poder observar de bien cerca las regularidades de la belleza de los ojos verados. Pero es que, tal era la sorpresa al ver como esas campanas pintadas cobraron vida en aquel momento, que el Sol empezó a arder. Sanguíneo, oro y aurora. Las llamas quemaron su propio forro vero sobre esmalte ninguno; quemaron así a la amante.
La ira de la joven doncella Luna fue sacada a la pura fuerza de su pequeño ser, al ver como su amado Sol ardía por el amor a otra. Marte bailaba por la suya dicha al haberse librado de la amante sin dejar rastro alguno y que su prometida pudiese no sospechar. Ella contó la arena roja bajo sus pies y él prosiguió a casarse al día siguiente. Mientras tanto, el Sol ardía más y más; hasta tal punto de tragarse las vidrieras de la cámara secreta de su amor, sorprendiéndola mientras ella amaba en campo de gules una espada en palo de plata. Entonces el suelo empezó a desmoronarse y empezó a tragarse a la Luna. De este modo, la Luna cayó del lugar donde conoció a las simpáticas estrellas.


♠ Fin del microrrelato El día en que la Luna cayó

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