miércoles, 13 de agosto de 2014

Microrrelato | Bienvenido




Bienvenido a la habitación del artista Susse Lampère de Pueblo Real, estimado cliente. Por favor, no se preocupe por la inusual lumbre azul que emiten nuestros ya viejos fluorescentes. La visita guiada empezará a las once y diecisiete minutos, cuando la Luna comience su delirio. Si me lo permite, tenga usted su bolígrafo de tinta luminosa de color azul marino como los tejanos que llevo puestos. Le será útil, se lo aseguro. Con él podrá pintar la cola de las estrellas fugaces que dejará caer esta noche la mano esa que está siempre jugando a tirar los dados, obviamente para decidir los movimientos de su próximo turno en el ajedrez. ¿Sabe usted jugar al ajedrez? Es un magnífico pasatiempo que le ayudará a desarrollar la capacidad concentración esa, la que está recortada con tijeras baratas aptas para uso escolar. Y... ¡Tick! Este triangular reloj mío acaba de marcar las once y quince minutos. Ya sé que aun falta mucho tiempo para la hora acordada, pero, según el reglamento, uno debe de ser tan puntual que debe de asistir a la cita media hora antes de que la mujer llegue, usted sabe. Comencemos pues.
Entremos en la primera sala. Con estas paredes de arroz con chocolate, Lampère nos da la bienvenida a su mundo de arte como solo él sabe hacerlo. Lo siento señor, no puede oler nada de recuerdo - reglas de la galería. Prosigamos a la siguiente sala. A partir de aquí, encontramos tres distintas opciones. La puerta a su izquierda es la salsa de las patatas fritas que comió este a medio día. La puerta a su derecha conduce a las cloacas de su suegro, por las cuales podrá colarse dentro de su mansión de tres pisos de diez metros cuadrados cada uno. Y la puerta central, estimado señor, es la que usted tomará porque es así como un servidor desea. Usaré mis fantásticas capacidades de persuasión. Señor, entre por la puñetera puerta. Gracias por elegir la puerta central, estimado señor. No, hombre, no me de las gracias - mi discurso no fue tan bueno como el del otro competidor, aunque le agradezco de corazón los elogios. Hemos entrado en el interior más interno de la galería: la puerta trasera del desván. Aquí puede usted observar el cielo estrellado, pintado por Lampère, mientras toquetea las obras censuradas por la Real Academia de la Lengua Artística. Adelante, toque, toque y toque. Es libre. Es libre siempre y cuando no vuelva por donde ha venido. Por si acaso, cerraré la cerradura de la puerta con los hilos de cobre que enredó la señorita de la noche justo ayer a medianoche porque ya se olía ella que esto pasaría. Ahora sí, es completamente libre. Esto... Señor, usted no puede hacer eso. No toque a los seres vivos, está penado de muerte por la RALA, usted sabe, está escrito en el panfleto informativo sobre las elecciones del quinto año de la uva que no le di pero que usted debió de haber robado. Vamos, si es que siempre pasan cosas así.
Querido señor, ¿Por que pinta valores en los seres de la galería? ¿No ha escuchado que está prohibido tocar los seres vivos? Mucho me temo yo, que usted debe de ser castigado. No, no intente llorar ni gritar, la estatuilla de quince centímetros de altura y veinte quilogramos de peso estuvo siempre viva, no se asuste. ¿Que a dónde le está llevando? Ya le dije, estimado señor: Tocar a los seres vivos está penado de muerte. La esculturilla simplemente está ayudando a construir un mundo mejor, quitándole a usted del medio. Aquellos que incumplan las reglas, no pueden seguir tirando los dados por tirar algo.
Hasta la próxima visita, señor. No se olvide de hacer la transición bancaria para ofrecernos caritativamente las treinta monedas que nosotros le obligamos a pagar voluntariamente. Gracias, estimado cliente.


♠ Fin del microrrelato Bienvenido

No hay comentarios:

Publicar un comentario

¡Muchas gracias por vuestros comentarios!