jueves, 24 de julio de 2014

Microrrelato | Ojos de sirena o La fábula del Sol y la Luna





Personajes
♠ El Día, como hermano mayor. La Noche, como hermana pequeña. La Prisa, como un anciano misterioso. El Momento, como una sirena. ♠



Hace mucho tiempo, hace muchísimo tiempo, cuando la paz aun reinaba en nuestro planeta, existió una peculiar pareja de hermanos. Un hermano mayor y su hermana pequeña. Ambos, muy distintos a la par que iguales.

Estos hermanos vagaban por el mundo, sin rumbo y sin una motivación concreta. Solamente vagaban. Habían recorrido hasta el último rincón del mundo y aun continuaban su viaje.
Un día, los hermanos llegaron a un enorme bosque de pinos. En aquel bosque, su camino se cruzó con el de un anciano misterioso, que en aquel momento paseaba por el lugar. "En lo más profundo de este bosque, en un estanque, vive una criatura de belleza increíble y capaz de hacer realidad los deseos de aquellos que la visitan" Les explicó el anciano a los chiquillos. Los niños, inocentes, creyeron las palabras del extraño y decidieron buscar a la criatura mágica.
Mientras caminaban por el húmedo bosque, el hermano mayor le dijo a su hermana "Cuando encontremos a la criatura, le pediré ser rico, muy rico". La pequeña le respondió "Pues yo... pues yo le pediré vivir por mucho tiempo, ¡le pediré la eternidad!", " Y también muchas tierras, le pediré ser rico y tener muchas tierras" continuó el hermano. Y así, deseo a deseo, los hermanos se iban haciendo ilusiones cada vez más inimaginables e imposibles.
Tras poco tiempo, llegaron al estanque, del cual el anciano les había hablado. La tranquilidad y la serenidad reinaban en aquel lugar mágico. Justo en el centro del estanque, había una roca, y sobre la roca podía verse una figura. Era una dama de cabello rojo y largo, que de cintura para bajo su piel pálida se convertía en unas brillantes escamas del color del cielo que acababan en una hermosa cola de pez de color turquesa.
Los hermanos, boquiabiertos al ver a aquel ser extraño, no dijeron ni una palabra. Solamente cuando la criatura pronunció "¿Qué deseáis, pequeños?", el hermano trató de pedirle alguno de los deseos que se había pensado antes. Pero por su boca no salió ningún sonido, la vergüenza y el miedo le tenian paralizado, igual que a su hermana. Tras un par de minutos, la criatura se dio la vuelta, revelando su rostro a los chicos.

Tal fue la belleza de la sirena, que los hermanos, olvidándose de todos los caprichos que quisieron hasta ahora, solamente pudieron desear un dos cosas: "Desearía tener unos ojos dorados tan bellos como los tuyos" pidió el hermano mayor, "Daría cualquier cosa por la luz tan pura de tus bellos ojos", deseó la hermana pequeña.
La sirena, así como el anciano les explicó, hizo realidad los deseos de los críos: le concedió al hermano mayor sus dorados ojos y le otorgó a la hermana el brillo puro de dichos ojos.

Y a día de hoy, la hermana pequeña aun goza del brillo de los ojos de su hermano, concedidos por aquella sirena.


♠ Fin del microrrelato Ojos de sirena / Fábula del Sol y la Luna

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