viernes, 11 de julio de 2014

Microrrelato | El pueblo manchado



Cętkowany era un pueblo como otro cualquiera de la zona. Cada verano me enviaban allí a pasar aquellos meses de calor con el abuelo. Daría lo que fuera por volver allí una vez más.

En el pueblo habían solamente siete casas, de las cuales seis estaban habitadas; la otra era una especie de cobertizo, según tenía entendido, del señor Tomaš. Cada una de las casas estaba pintada de un color diferente, colores llamativos. Tras la casa del abuelo había un lago, donde yo me bañaba los días que el calor apretaba. Y había un pequeño bosque siguiendo el camino que pasaba por delante de casa de mi amiga Ewa. En aquel bosque se podían encontrar todo tipo de bayas comestibles para hacer tartas riquísimas.
Como me gustaba aquel lugar. Quería mucho a la gente de allí. Querría volver, aunque fuese solo por un día, por un par de horas, por cinco minutos. Y revivir aquellos momentos.


El último día que pasé allí, lo pasé intentando aprovechar al máximo las últimas horas con mis amigos antes de marchar.
Cuando papá y mamá llegaron, yo estaba pegándome un chapuzón en el lago, junto con Paweł y Maryśka, mientras el abuelo descansaba tumbado bajo la sombra de una gran morera. Me tuve que despedir de mis amigos, con la esperanza de volver a encontrarnos el verano siguiente. Con esas esperanzas que aun tengo, de volver algún verano y reencontrarnos todos de nuevo. Aunque en el fondo, muy al fondo, sé que eso no pasará jamás.
Antes de partir, pedí permiso para poder ir a despedirme de Ewa, quien había estado enferma desde hacía unos días, y no pudo venir a bañarse al lago conmigo y los demás.
Se estaba nublando.
Cuando, al hacer sonar la campanilla que tenían en su puerta, no respondió nadie, pensé que Ewa estaría durmiendo. Estuve a punto de darme media vuelta, cuando escuché a lo lejos la voz de Ewa. Venía de su jardín. Ewa estaba subida a un árbol, haciendo virguerías con un paraguas. Me explicó que, como parecía avecinarse una pequeña tormenta, quería proteger de la lluvia con el paraguas un nido de gorriones que descubrió aquella mañana en una de las ramas del árbol. Tras haber puesto el paraguas, Ewa bajó y nos dimos un abrazo de despedida.

Nada más llegar a la casa de mis padres, nuestra casa, lo primero que hice fue encender el televisor, pues estar todo el verano en un pueblo donde nadie tiene televisión se nota. En la pantalla se mostraron las noticias, pero quise poner los dibujos animados; a aquellas horas estarían dando Krokodil Gena. Papá me corrigió, y me obligo a dejar el canal que estaba - él quería ver las noticias.
Aunque no recuerde de que iba el primer titular, me acuerdo perfectamente del segundo: un pequeño pueblo al este de la ciudad había sido calcinado completamente, a causa de un rayo que, al tocar alguna antena de televisión a modo de pararrayos, provocó un pequeño incendio que se extendió por todo el pueblo.

Aquel desdichado pueblo era ni más ni menos que Cętkowany. Y os puedo asegurar que "la antena de televisión que actuó como pararrayos" fue de hecho el paraguas de Ewa. Como afirmé antes, nadie en el pueblo tenía televisor.



♠ Fin del microrrelato El pueblo manchado

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