jueves, 31 de julio de 2014

Microrrelato | 1974




Personajes
♠ Un niño, su madre y un hombre grande. ♠



Uno de los muchos recuerdos que se me quedaron grabados en la memoria, ocurrió durante mi niñez. Tendría yo unos seis o siete años y aun lo recuerdo perfectamente.
Eran las cuatro de la tarde y ya habían acabado las clases. Al salir por la puerta de la escuela vi que estaba lloviendo a cántaros. Mamá me decía siempre "Si luego ves que llueve, espérate en la puerta del colegio, que yo iré a recogerte". Obviamente, yo siempre seguía al pie de la letra las palabras de mi madre, sino me esperaba un buen sopapo, os lo seguro. Pues bien, esperé sentado en los escalones que había enfrente de la puerta de la escuela, bajo los balcones de los pisos de arriba, al amparo de la lluvia. El diluvio amainó cuando vi llegar a mi madre montada en su bicicleta. Antes de montarme en la bici con ella, comprobó que no me había mojado y me echó una pequeña bronca por tener los zapatos llenos de barro.
Camino de vuelta a casa, montado yo con mi madre en su vehículo escacharrado, pasamos por todo el pueblo y llegamos al camino que cruza los campos de arroz. Solamente nos quedaba un cuarto de hora para llegar a casa. Faltaba un maldito cuarto de hora, cuando lo vimos. Un escalofrío me recorrió la espalda. El silencio se volvió incómodo. Volteé la cabeza. Le dije a mi madre que parase. Parados en medio del desierto camino, ambos vimos a unos cinco metros tras de nosotros un hombre vestido con una gabardina y un sombrero de color negro. No nos habría sorprendido nada, si no hubiese sido por el hecho de que el hombre era gigantesco, debía de hacer más de dos metros de altura, y en su mano derecha aguantaba el mango de algo. Alzamos la cabeza. En su mano portaba un paraguas que llegaba hasta el cielo. Un hombre tan grande con un paraguas tan enorme. Quizás penséis que no fue para tanto, pero lo que mi madre y yo sentimos en aquel momento fue miedo. Puro miedo. El hombre caminaba hacia nosotros sin detenerse. Mi madre le dio más rápido que nunca a los pedales, solamente queríamos volver a casa y olvidar a aquel misterioso ser que habíamos visto. Pero no. Contimás rápido íbamos nosotros, más aligeraba el paso aquel hombre. Nunca corría, él solo se dignaba a caminar más y más rápido. Siempre, detrás de nosotros. Y mi madre pedaleaba más y yo, con la cabeza apoyada en su espalda, cerré los ojos, deseando poder llegar cuanto antes a casa.
Una vez llegamos a nuestro hogar, bajamos de la bicicleta y, sin mirar hacia atrás en ningún momento, entramos adentro. Aquella noche no dormí.

Aun a día de hoy recuerdo todo esto. Por suerte la mía, sé que no estoy loco, es más, estoy muy cuerdo. Y es que, aquel hombre existió realmente. Mi madre lo vio tan bien como yo.



♠ Fin del microrrelato 1974
(Historia basada en hechos reales)

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

¡Muchas gracias por vuestros comentarios!