lunes, 14 de abril de 2014

Pequeños relatos del mundo de Lila V

Pequeños relatos del mundo de Lila:
-Relato del Conejo Blanco-





Caroline se levanta del sillón y se dirige a la estantería. Cuidadosamente, deja en uno de los estantes el libro que tenía en sus manos. Alicia en el País de las Maravillas. Silenciosamente, Caroline camina de una punta a la otra de la gran estantería buscando algún otro libro para leerse.
De golpe, deja de moverse y alza el brazo, intentando alcanzar uno de los altos estantes. No puede. Su baja estatura le impide llegar tan alto. Entonces, como todo ser humano habría hecho, Caroline va a buscar una silla para poder alcanzar el libro que se quiere leer. En la habitación, espaciosa y con un aire a cuentos de hadas, no hay ninguna silla. Como objetos para poder sentarse y reposar, solamente pueden encontrarse un gran sillón de terciopelo y un pequeño taburete en frente de un tocador. Caroline, sin pensárselo, coge el pequeño taburete, se lo lleva delante de la estantería e intenta de nuevo alcanzar el libro. No puede. El taburete es demasiado pequeño. "Pero yo quiero ese libro" se escucha murmurar a Caroline. Durante unos segundos, Caroline permanece ahí de pie, pensando en como podría alcanzar el libro.
Como no le queda otra, Caroline intenta escalar los estantes. Así, consigue llegar donde se encuentra el libro que quiere leer. Caroline lo toma cuidadosamente para evitar caerse de la estantería.


Desde el sillón, con el libro en sus manos, Caroline levanta la cabeza y observa la ventana que tiene a su lado. Bonitos copos de nieve caen por doquier y, poco a poco, se van acumulando sobre los tejados de las casas. Fascinada, Caroline se levanta, deja el libro a medio leer sobre el sillón y se asoma por la ventana. Su aliento, cálido, llena de vaho la ventana. Ella desea poder contemplar estas vistas durante toda su vida, pero sabe que, cuando el invierno acabe, tendrá que volver a esperar otro año para poder volver a ver un escenario de postal como este. Caroline se entristece al pensar en eso. Igualmente, ella sigue mirando por la ventana. "Carpe Diem" se dice a sí misma en voz baja.
En el momento en que deja de nevar, Caroline decide retomar la lectura. Sin embargo, poco después de sentarse, ve un conejito blanco esconderse detrás de una de las patas de la mesa que hay en el centro de la habitación. Extrañada, pero fascinada a la vez, Caroline se levanta con intención de coger al lindo conejito. "¡Ah!" grita Caroline al intentar levantarse y caer al suelo. Alguien o algo le había atado los pies con una cuerda fina. Tumbada en el el suelo, Caroline deja caer una lagrimilla a causa del susto y el daño que le ha provocado la caída. Inmediatamente, el conejo blanco sale de su escondite y, caminando a dos patas, se dirige a las manos de Caroline. Como si de un ser humano se tratase, el conejo, diminuto, le ata las manos con una cuerda igual que la que le hizo caer al frío suelo hace un momento. Caroline no encuentra explicación razonable a lo que está sucediendo, solamente se dedica a continuar tirada en el suelo, puesto que no puede levantarse al estar atada de manos y de pies. Mientras tanto, el conejo solo permanece delante de ella, inexpresivo. Parece estar esperando algo.
De repente, la ventana, por la cual Caroline contemplaba minutos atrás la nieve caer, se rompe violentamente y una bandada de golondrinas entran junto al frío viento de la calle en la habitación. Las golondrinas no llegan hasta la primavera, sin embargo ahora, pleno invierno, hay muchas de ellas aquí, revoloteando sobre el cuerpo paralizado por el miedo de Caroline. Ella no se puede creer qué es lo que está pasando. Acto seguido, el mismo conejo de antes agarra el cabello de Caroline y empieza a arrastrarla con una fuerza increíble; así, Caroline es arrastrada hasta la puerta de la habitación, que se abre por sí sola. El conejo blanco, aun con su cara carente de expresión alguna, da una patada a Caroline en la espalda y la hace caer escaleras abajo.


Caroline abre los ojos. Su madre, golpeando la puerta y gritando al mismo tiempo, la ha despertado. La puerta está atrancada por la estantería, caída justo encima. Caroline se encuentra tumbada boca arriba en el centro de su habitación. Al lado suyo hay una mancha de sangre, proveniente de su cabeza. Tiene la rodilla izquierda dislocada y a sus pies el pequeño taburete, en el cual se subió para intentar alcanzar un libro de la estantería, pero resbaló y cayó al suelo, haciéndole perder la consciencia durante un par de horas. Pese a todo, Caroline se encuentra satisfecha; tiene el brazo roto, pero en su mano se encuentra el libro que tanto ansiaba poder leer: Déjame soñar un libro, escrito por D.W. Fotze. Caroline ya puede morir en paz.



♣ Fin del Relato del Conejo Blanco

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