lunes, 3 de marzo de 2014

Pequeños relatos del mundo de Lila I

Pequeños relatos del mundo de Lila:
-Primer Relato-





Cuando los pájaros tardíos cesan de cantar, Lira llega a su hogar después de un duro día de trabajo como profesora en la escuela. Al entrar por la puerta, Lira deja ésta abierta por un par de minutos para ventilar la estancia.
No es hasta que Lira va a cerrar la puerta, que oye un extraño sonido procedente de fuera; se oyen unos misteriosos ruidos que parecen estar provocados por el choque de un objeto metálico contra el suelo. Lira, extrañada, se asoma con cautela. En efecto, hay una persona, una dama de alta edad, de rodillas en el suelo golpeando con una picaza en las rocas del jardín. El sonido que produce es escalofriante para Lira. La extraña señora golpea cada vez con más cuidado y observa con su mirada inexpresiva el lugar donde da golpes una y otra vez con la picaza que lleva en su mano izquierda.
Lira se mantiene quieta desde su posición en el margen de la puerta, ángulo desde el cual la misteriosa señora no la puede percibir con la vista. Observando como pica y pica en las duras rocas, Lira se mantiene el respirar al notar que la dama para. Ésta deja de golpear las rocas y se queda durante unos segundos mirando el suelo antes de levantarse ágilmente y, sin vacilar, empieza a caminar calle arriba.
Seguidamente empieza a caer lluvia.
Lira, sin comprender muy bien lo ocurrido, decide coger un paraguas e ir tras aquella señora, evitando así que quede empapada por la lluvia, cada vez más fuerte. Lira se apresura en coger el paraguas y sale corriendo en la misma dirección que el misterioso personaje.
Después de varios minutos caminando en la misma dirección, ya en las afueras del pueblo, Lira, cansada, decide tirar la toalla y volver a su hogar. Sin embargo, Lira vuelve a escuchar el mismo sonido de una picaza chocando contra las rocas, fundido con el sonido de la fuerte lluvia. Así, Lira se coloca bajo una gran roca saliente de la montaña que hacía de techo y observa como, a pocos metros de donde está ella, una extraña figura golpea las rocas del camino con una picaza. La fuerza de la lluvia dificulta la visibilidad, haciendo que Lira dude sobre la identidad de la figura y entre en un estado de terror al ver esa sombra arrodillada bajo la lluvia y dando golpes en las rocas sin parar.
Llena de coraje, Lira se anima y se dirige hacia aquel ser con intención de prestarle un paraguas. Con cada paso más cerca de la extraña figura, los golpes se escuchan más nítidos. Entonces, cuando Lira está a aproximadamente un metro de distancia del misterioso ser, se puede diferenciar que se trata de la misma señora que había en el jardín. Lira está parada ante ella y la señora sigue picando cuidadosamente.
Sin que Lira diga una sola palabra, la misteriosa dama para en seco de picar y, como un autómata, se pone de pie y gira su cuerpo en dirección a Lira. Su cara está llena de arrugas y sus labios están degradados y caídos. Lira entra en un pánico silencioso que la inmoviliza en el momento en que se da cuenta que este ser, identificado como una mujer anciana, no posee ojos - en su lugar, solamente hay un par de hendiduras en la carne de la cara. Mientras la supuesta dama está parada ahí enfrente y Lira permanece inmóvil por el miedo, la intensidad de la lluvia aumenta de forma considerable, haciendo que ésta provoque el desprendimiento de una de las grandes rocas salientes de la montaña. De este modo, un par de pedruscos descomunales caen rodando y arrullan a Lira cuesta abajo, haciendo permanecer al misterioso ser sin ojos de pie sonriendo al presenciar lo ocurrido. Después, la extraña señora da media vuelta y vuelve por donde vino.


♣ Fin del Primer Relato


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